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TRASTORNO DE ANSIEDAD

Y ATAQUES DE PANICO

A, cotinuación un articulo muy completo sobre este flagelo que afecta a millones de personas en el mundo, es un tipo de afectación que no discrimina, ni por la edad ni por grupos étnicos, clase social o estatus económico. Es una recopilación de información de diferentes fuentes (ver links a otras paginas web) y consultas profesionales, pero la mayor parte es del National Mental Health Institue de los Estados Unidos.

Danilo Lugo C. Ph.D.

U.S. InterAmerican Affairs - International division

1. Definición

2. Causalidad

3. Tratamiento para el trastorno de la ansiedad

4. Ataques de pánico y ansiedad

5. TAG Trastorno de Ansiedad Generalizado

6. Fobias

7. Trastornos Obesivo y Compulsivo

8. Trastorno por "Estres Post-Traumatico"

9. Terapia y medicación

10. Como recibir ayuda profesional en casos de trastorno de ansiedad

 

Nombres alternativos:

Sentirse nervioso; sentirse inquieto; agitado; estrés; tensión.

Definición:

La ansiedad es una reacción a una amenaza real o imaginaria, un sentimiento general de intranquilidad o temor. El estrés es una presión o tensión física, mental o emocional. La tensión es esfuerzo, suspenso, ansiedad o excitación mental o emocional.

Consideraciones generales:

El estrés no es una enfermedad y es una parte normal de la vida de toda persona. El estrés no es necesariamente bueno o malo; sin embargo, las reacciones al estrés pueden variar considerablemente y algunas son indeseables. La reacción indeseable más frecuente es la ansiedad.

Frecuentemente la ansiedad está acompañada de tics o contracciones espasmódicas, tensión muscular, dolores de cabeza, sudoración, irritabilidad, fatiga, pesadillas, problemas de memoria, impotencia sexual, insomnio, boca seca o dificultad para la deglución.

El grado de ansiedad es mucho más una función individual que del grado de estrés. El riesgo de ansiedad se incrementa con el estrés, una historia de neurosis familiar, fatiga o exceso de trabajo, o la recurrencia de situaciones que han sido previamente estresantes o perjudiciales.

El insomnio y la incapacidad de concentrarse son síntomas comunes de ansiedad que pueden conducir a un círculo vicioso que empeore el problema. Los síntomas son efectos y no causas. Enfocarse en el insomnio o en la falta de concentración como el probelma, no es la solución.

Causas comunes:

Nota: puede haber otras causas para la ansiedad, además de las mencionadas. La posibilidad de incidencia de las mismas no está determinada por el orden en que éstas se presentan. Entre las causas de este síntoma se pueden citar enfermedades y medicamentos poco comunes. Además, las causas pueden variar según la edad y el sexo de la persona, así como también de acuerdo a las características específicas del síntoma, tales como calidad, duración, factores agravantes, factores aliviantes y enfermedades asociadas.

 

Trastornos de Ansiedad

Diapositiva del curso manejo del Estres Ansiedad y Depresion (ver información)

Todas las personas saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que usted siente cuando su jefe está  enojado, la forma en que su corazón late si usted est  en peligro. La ansiedad lo incita a actuar. Lo anima a enfrentarse a una situación amenazadora. Lo hace estudiar más para ese examen y lo mantiene alerta cuando está  dando un discurso. En general, lo ayuda a enfrentarse a las situaciones.

Pero si usted sufre de trastorno de ansiedad, esta emoción normalmente útil puede dar un resultado precisamente contrario: evita que usted se enfrente a una situación y trastorna su vida diaria. Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de "nervios". Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura biológica y las experiencias en la vida de un individuo y con frecuencia son hereditarias. Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias.

Un trastorno de ansiedad puede hacer que se sienta ansioso casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. O las sensaciones de ansiedad pueden ser tan incómodas que, para evitarlas, usted hasta suspenda algunas de sus actividades diarias. O usted puede sufrir ataques ocasionales de ansiedad tan intensos que lo aterrorizan e inmovilizan.

En el "National Institute of Mental Health" (NIMH), la agencia federal que lleva a cabo y apoya la investigación relacionada con trastornos mentales, la salud mental y del cerebro, los científicos están aprendiendo cada vez más y más respecto a la naturaleza de los trastornos de ansiedad, sus causas y cómo mitigarlos.

Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que pueden ayudarlo. Es por esto que el NIMH ha preparado este folleto: para ayudarlo a comprender estas situaciones, describir los tratamientos y explicar el papel que juega la investigación en la lucha para vencer la ansiedad y otros trastornos mentales.

 

Trastorno de Pánico   sin Agorafobia  
Trastorno de Pánico   con Agorafobia  
Fobias:  

Fobias Específicas  
Fobia Social  
Agorafobia

Trastorno Obsesivo-Compulsivo  
Trastorno por Estrés  
Post-Traumático  
Trastorno de Ansiedad   Generalizada

 

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.

Las personas que padecen de TAG no parecen poder deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es mas intensa de lo que la situación justifica. Quienes padecen de TAG también parecen no poder relajarse. Frecuentemente tienen trabajo en conciliar el sueño o en permanecer dormidos. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos de calor. Pueden sentirse mareadas o que les falta el aire. Pueden sentir náusea o que tienen que ir al baño frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta.

Muchos individuos con TAG se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse y a veces también sufren de depresión.

Por lo general, el daño asociado con TAG es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con TAG no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de su trastorno. Sin embargo, si éste es severo, el TAG puede ser muy debilitante, resultando en dificultad para llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.

El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios.

"...Padecer de TAG siempre quiere
decir anticipar desastres,
frecuentemente preocuparse
demasiado por la salud,
el dinero, la familia o el
trabajo. Las preocupaciones
frecuentemente se presentan
acompañadas de síntomas físicos
tales como temblores,
tensión muscular y náusea..."

En general, los síntomas de TAG tienden a disminuir con la edad. Un tratamiento acertado puede incluir un medicamento llamado buspirone. Se éstan llevando a cabo investigaciones para confirmar la efectividad de otros medicamentos como benzodiazepinas y antidepresivos. También son útiles la técnica de terapia de comportamiento cognoscitivo, las técnicas de relajamiento y de retroalimentación para controlar la tensión muscular.

frecuentemente acompaña a los trastornos
de ansiedad y, cuando esto sucede, también debe atenderse.
Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza,
cambios en el apetito o en el sueño así como la
dificultad en concentrarse que frecuentemente
caracterizan a la depresión pueden ser tratados con
efectividad con medicamentos antidepresivos o,
dependiendo de la severidad del mal, con psicoterapia.
Algunas personas responden mejor a una combinación
de medicamentos y psicoterapia.

 

CRISIS DE ANSIEDAD: CÓMO REACCIONAR


La crisis de ansiedad o ataque de pánico es un acceso repentino de pánico inexplicable que no es motivado por un estímulo concreto, sino que aparece espontáneamente; normalmente fruto de otros problemas más generales que se van acumulando hasta provocar un estallido de tensión.

Las víctimas de estos ataques sienten un terror inesperado ante una exagerada sensación de peligro y de proximidad de la muerte. Si bien es difícil hacerlo, una persona afectada por estas crisis debe tratar, ante todo, de desdramatizar la situación. Frecuentemente el mismo pánico provocado por el ataque lo realimenta, multiplicando su intensidad. Hay que tener en cuenta que, aunque molestos, estos ataques no son en absoluto peligrosos para la salud. Si se relativiza su importancia, se conseguirá reducir sensiblemente la angustia acumulada, y con ella, la espiral que se produce entre los síntomas y sus consecuencias.

Sobre todo, es fundamental que las personas en el entorno del enfermo no se dejen llevar por el pánico, y permanezcan serenamente junto a él. Es muy importante que quien sufre una de estas crisis vea que la gente alrededor permanece tranquila y con la cabeza fría. Si todo el mundo se deja llevar por el pánico, el que ya siente el afectado se verá multiplicado.

Dos formas importantes de prevenir estas crisis son las terapias de relajación, si bien es difícil adaptarse a ellas al principio; y el uso de fitoterapia (plantas medicinales), especialmente a través de plantas con potente efecto de relajación muscular, comoel kava-kava o la amapola de California.

 

 

¿Sabe como reconocer que le afectan crisis de ansiedad?
 

Test de ansiedad 3
 

Tu ansiedad ante determinadas situaciones puede estar generada por comportamientos inadecuados. Si quieres aprender a reducirla, el primer paso es que conozcas cuáles son tus respuestas motoras “poco útiles”.

1. CASI NUNCA

2. MUCHAS VECES

3. CASI SIEMPRE

 

 

 

 

1. Cuando tengo que hablar delante de muchas personas:

Mis movimientos son torpes, no me atrevo a mirar a la gente a los ojos.

123

Tartamudeo o tengo otras dificultades de expresión (hablar muy rápido, no vocalizar...).

123

 

 

2. Cuando soy impuntual:

Siempre busco algún pretexto, aunque sea mentira, para excusarme con quien me espera.

123

Me bloqueo y no sé qué hacer.

123

 

 

3. Cuando se me acumulan muchas tareas:

Lo hago todo corriendo, mirando una y otra vez el reloj.

123

Abandono la tarea.

123

 

 

4. En los exámenes o cuando voy a tener una entrevista de trabajo:

Como o fumo en exceso.

123

No puedo parar de moverme: me rasco, me muerdo las uñas...

123

 

 

5. Cuando estoy muy cerca de una persona que me atrae:

Tartamudeo o tengo otras dificultades de expresión.

123

Desvío mi mirada hacia otro lado.

123

 

 

6. Cuando alguien me culpa, por haber hecho algo mal:

Le contesto de mala manera, por ejemplo, insultándole.

123

Me callo, agacho la cabeza y me voy.

123

 

 

7. Cuando tengo que resolver una situación difícil o tomar una decisión:

Pido rápidamente ayuda a otras personas (padres, amigos...).

123

Espero tranquilamente que se resuelva por sí solo.

123

 

 

8. Cuando estoy siendo observado y examinado en mi trabajo:

Busco alguna excusa para interrumpir la tarea.

123

Actúo torpemente: se me olvidan cosas, pierdo o se me resbalan objetos, me tropiezo...

123

 

 

9. Cuando voy a hacerme un análisis de sangre:

Me entra algún tic (movimientos repetitivos e inconscientes).

123

Mi mirada no se posa en un lugar concreto (p.e. frente a una revista, paso las páginas a toda velocidad, sin leer nada).

 

 *Si la mayoria de respuestas corresponden al numero uno, no hay de que preocuparse. Si pasa más de la mitad con el numero 2, está en alto riesgo, y si la respuesta es afirmativa en el numero tres: !...Necesita Ayuda Profesional...!

Diapositiva del curso manejo del Estres Ansiedad y Depresion (ver información)

Tratamiento para Trastornos de Ansiedad

Muchas personas con trastornos de ansiedad pueden ayudarse con un tratamiento. La terapia para trastornos de ansiedad frecuentemente incluye medicamentos o formas específicas de psicoterapia.

Los medicamentos, aunque no son curaciones, pueden ser muy efectivos para mitigar los síntomas de ansiedad. En la actualidad, gracias a la investigación llevada a cabo por científicos en el NIMH y otras instituciones de investigación, existen más medicamentos disponibles que antes para el tratamiento de trastornos de ansiedad. De tal manera que, si un medicamento no da el resultado buscado, generalmente hay otros que se pueden probar. Además, se están descubriendo nuevos medicamentos para el tratamiento de los síntomas de ansiedad.

En casi todos los medicamentos que se recetan para el tratamiento de ansiedad, el médico generalmente inicia al paciente con una dosis baja y gradualmente se la aumenta hasta llegar a la dosis adecuada. Cada medicamento tiene efectos secundarios pero éstos por lo general se llegan a tolerar o disminuyen con el tiempo. Si los efectos secundarios llegan a ser un problema, el doctor puede aconsejar al paciente que deje de tomar el medicamento y que espere una semana, o más tiempo en el caso de ciertas drogas, antes de probar uno nuevo. Cuando el tratamiento está por terminarse, el doctor puede disminuir la dosis gradualmente.

Las investigaciones también han demostrado que la terapia de comportamiento y la terapia de comportamiento cognoscitivo pueden ser efectivas para el tratamiento de varios trastornos de ansiedad.

La terapia de comportamiento se concentra en cambiar acciones específicas y usa varias técnicas para disminuir o detener un comportamiento indeseable. Por ejemplo, una técnica entrena a los pacientes en respiración diafragmática, un ejercicio especial de respiraci¢n que consiste en respiraciones lentas, profundas, para reducir la ansiedad. Esto es necesario porque las personas que tienen ansiedad frecuentemente sufren de hiperventilación, respirando rápidamente cortas cantidades de aire que pueden provocar latidos rápidos del corazón, mareos y otros síntomas. Otra técnica: terapia de exposición: expone gradualmente a los pacientes a aquello que los asusta y les ayuda a vencer sus miedos.

Al igual que la terapia de comportamiento, la terapia de comportamiento cognoscitivo enseña a los pacientes a reaccionar en forma diferente en las situaciones y sensaciones corporales que desatan los ataques de pánico y otros síntomas de ansiedad. Sin embargo, los pacientes también aprenden a comprender la forma en que su manera de pensar contribuye a sus síntomas y cómo cambiar sus pensamientos para disminuir la posibilidad de que los síntomas ocurran. Este entendimiento de los patrones de pensamiento se combina con la técnica de exposición y con otras terapias de comportamiento para ayudar a las personas a enfrentarse a las situaciones que les causan miedo. Por ejemplo, alguien que se siente mareado durante un ataque de pánico y teme que se va a morir puede recibir ayuda con la siguiente técnica que se usa en la terapia de comportamiento cognoscitivo: el terapista le pide al paciente que dé vueltas en un mismo lugar hasta que se marée. Cuando el paciente se alarma y comienza a pensar: "me voy a morir", él aprende a reemplazar ese pensamiento con otro más apropiado como "no es más que un pequeño mareo; yo puedo controlarlo".

Causas

Actualmente prevalece la teoría de la pluricausalidad en el origen de los trastornos de ansiedad. Los tests psicológicos y estudios médicos complementarios (dosajes hormonales o de neurotransmisores cerebrales, electroencefalografía, mapeos cerebrales, tomografía asistida por computación, estudios de resonancia magnética, etc.) han podido determinar hasta el momento con exactitud la etiología de estos desórdenes ansiosos. Se ha sugerido ya desde hace algunos años la multicausalidad para intentar explicar el desarrollo de estas enfermedades. Gráficamente, se sostiene lo siguiente acerca del origen de estos trastornos:

 

Factores genéticos-hereditarios

(constitución)

Experiencias infantiles

(crianza-educación)

MAYOR O MENOR DISPOSICIÓN A ENFERMAR

 

FACTORES DESENCADENANTES

TRASTORNOS O ENFERMEDADES = SIGNOS Y SÍNTOMAS

 

La mayoría de las personas que desarrollan en la edad adulta un trastorno de ansiedad cuentan en su haber una historia previa con rasgos de personalidad frágil, insegura, dependiente y evitativa, hiperalerta, muy pendiente de sus reacciones fisiológicas (latidos cardíacos, ruidos intestinales, etc.)

 

ATAQUES O CRISIS DE PANICO

Diapositiva del curso manejo del Estres Ansiedad y Depresion (ver información)

Trastorno de Pánico

Ataque o Crisis de Pánico Quienes padecen de crisis de pánico experimentan sensaciones de terror que les llegan repentina y repetidamente sin previo aviso. No pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque y muchas personas pueden manifestar ansiedad intensa entre crisis consecutivas (ansiedad intercrítica). Entre tanto, existe una continua preocupación que en cualquier momento vaya a presentarse otro ataque.

Palpitaciones 
Sudación profusa 
Estremecimiento o temblores 
Sensación de ahogo 
Dolor y opresión en el pecho 
Náuseas o molestias abdominales 
Hormigueos o entumecimientos    en  Manos y pies (parestesias)

Sensación de irrealidad (ficción) 
o de estar separado de uno mismo 
(despersonalización) 
Temor a perder el control o a volverse   loco 
Miedo a morir o sensación de muerte súbita 
Sofocaciones o escalofríos 
Visión borrosa 
Inestabilidad, mareos o desmayo

El ataque de pánico se manifiesta súbitamente, sin aviso, en la forma de palpitaciones, taquicardia, sudor, debilidad y mareo. Puede sentirse cosquilleos en las manos o sentirlas entumecidas (parestesias) y posiblemente sofocación y escalofríos. Puede experimentarse dolor en el pecho o sensaciones de ahogo, de irrealidad o tener miedo a que suceda una calamidad o a perderse el control sobre sí mismo. Quien sufre una crisis de pánico llega a creer que está sufriendo un ataque al corazón o de apoplejía, que está perdiendo la razón o que está por morir sin poder hacer nada por evitarlo. Los ataques pueden ocurrir a cualquier hora, aún durante la noche al estar dormido. Mientras casi todos los ataques duran entre dos minutos y cinco minutos, en ocasiones pueden durar hasta 10 minutos; en casos raros pueden durar una hora o más.

El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición recurrente de ataques (cronificación del cuadro), acompañados en los intervalos intercríticos de una preocupación desmedida o miedo persistente a la reaparición de una nueva crisis; se llega a este diagnóstico cuando se sufre en un lapso de cuatro semanas cuatro ataques que reúnan al menos cuatro de los síntomas mencionados con respecto a la crisis de pánico

Se cree que el trastorno de pánico ataca cuanto menos al 1.6 por ciento de la población, y puede presentarse a cualquier edad, en los niños o en los ancianos, pero casi siempre comienza en los adultos jóvenes. No todos los que sufren ataques de pánico terminan desarrollando un trastorno de pánico; por ejemplo, muchas personas sufren un ataque y nunca vuelven a tener otro.

Sin embargo, es vital para quienes padecen de trastorno de pánico el remitirse a un tratamiento adecuado. Esta enfermedad no tratada correctamente puede resultar en una franca y virtual invalidez.

El trastorno de pánico puede ir acompañado de otros problemas (depresión, alcoholismo, fármacodependencia, fantasías recurrentes de suicidio) y puede engendrar fobias relacionadas con lugares o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido.

Por ejemplo, si se experimenta un ataque de pánico en la calle, es posible que se llegue a sentir miedo a ella y se empiece a evitar el salir.

La calidad de vida de las personas afectadas por el T.D.P. llega a hacerse muy pobre, porque se ven obligadas a evitar actividades diarias normales como ir al mercado, manejar un vehículo o, en algunos casos hasta salir de su casa. O bien, pueden llegar a confrontar una situación que les causa miedo siempre y cuando vayan acompañadas de su cónyuge o de otra persona que les merezca confianza (acompañante contrafóbico). Básicamente, evitan cualquier situación que temen pueda hacerlas sentirse indefensas si ocurre un ataque de pánico.

Cuando, como resultado de esta enfermedad, las vida de la persona afectada llega a ser tan restringida (como sucede en casi una tercera parte de las personas que padecen de trastornos de pánico), se diagnostica trastorno de pánico con agorafobia. La tendencia hacia trastornos de pánico y agorafobia parece ser hereditario. Sin embargo un tratamiento oportuno al trastorno de pánico puede frecuentemente detener el progreso hacia la agorafobia.

 

 
ATAQUES DE PANICO......!      
Porqué...?

En la infancia tenemos una idea ominipotente y fantasiosa sobre nuestras limitaciones físicas. Podemos pensar que nunca envejeceremos y moriremos o que será tan tan lejos que prácticamente no ocurrirá nunca. Quizá estas ideas nos preparan mal para la práctica sensata del auto-cuidado, y de ahí que durante un largo periodo juvenil podamos abusar de nuestra aparentes 'energías ilimitadas' para trasnochar, mal alimentarnos y también para adquirir la mala costumbre de preocuparnos y sufrir sin que aparentemente ello implique mayores complicaciones.
Pero un buen día las cosas pueden cambiar y enviarnos repentinas señales de funcionamiento corporal anómalo, como si el cuerpo ya no tolerara el mismo ritmo de agobio que tenía hasta el día anterior.
No somos conscientes de nuestro nivel de agobio, tensión e inquietud si estamos atravesando una época de estrés. Estamos tan familiarizados con las sensaciones internas de ansiedad que nos parecen normales, o por lo menos no preocupantes. Las despreciamos, aunque el nivel de tensión en realidad es más alto de lo que nuestro organismo está preparado para tolerar.
Esta especie de ceguera y sordera sobre nuestro estado es un error de cálculo que nace de que no conocemos nuestras limitaciones corporales (que niveles de descanso, relax, bienestar, distracción y goce necesitamos para funcionar operativamente). Nos hemos mal-educado a ser sacrificados y sufridores, anteponiendo el deber, la ambición y la auto-exigencia, o la búsqueda desaforada de estímulos. Quizás sabemos cuantas horas seguidas podemos aguantar trabajando, pero no sabemos cuantas horas necesitamos para ocuparnos de nuestra mínima tranquilidad personal. Ocurre también con demasiada frecuencia que tampoco sabemos manejarnos demasiado bien frente a las frustraciones, ante las que solemos buscar salidas que más que calmarlas parecen exacerbarlas.
Pero los hechos son los hechos: nuestro cuerpo biológico, en especial nuestro sistema nervioso, tiene sus propias limitaciones de funcionamiento (no puede estar permanentemente activado forzado a trabajar al máximo).
Esto es lo que fundamenta un ataque de pánico, que también podríamos llamar crisis de ansiedad.
 

Cómo...?


La persona intenta en un momento dado detener su ritmo frenético. Se sienta, se para en frente al semáforo, espera en una cola, se tumba a descansar un rato, intenta mirar la televisión, está sentado en un medio de transporte, etc., Es precisamente eso, que estamos haciendo algo que no es particularmente activo lo que nos desconcierta, porque repentinamente notamos que no podemos hacer la cosa tan tranquila que queríamos hacer, porque el sistema nervioso está demasiado alterado para bajar de tan arriba a tan abajo en un instante.
En un segundo percibimos esta dificultad anómala, podemos observar los efectos de la taquicardia (acaloramiento de la parte central del cuerpo, aceleración respiratoria), nuestra respiración parece ser incómoda, y los mecanismos automáticos del control del ritmo respiratorio deciden hacer paradas bruscas que nos desconciertan (¿Me quedaré sin aire, pensamos?), se ha disparado nuestro sistema de alarma como esas alarmas de la tienda de al lado que se conecta un día de viento sin más ni más.
En un segundo notamos el encendimiento que produce en nuestro cuerpo el estado de activación general (pensemos por ejemplo en la reacción que sentiríamos ante un susto intento repentino, como ver aparecer un perro en nuestra habitación o que se rompieran los vidrios de una ventana, una explosión, etc.).
Pero como nada pasa en el exterior, pensamos, ¿Qué me sucede? ¿Me estaré muriendo? ¿Será esto un ataque cardíaco, colapso respiratorio, embolia cerebral? ¿Será esto que tengo un ataque de locura? ¿Cómo me puedo morir ahora sin haber hecho testamento o dejando las cosas sin arreglar?
Pensar este 'diagnóstico' no es precisamente tranquilizador... Así que si ya estamos 'encendidos' creernos en grave peligro acaba de provocar un incendio. Estamos en pleno pánico. Sube el nivel de ansiedad provocando más efectos espectaculares (temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidez de nuca, visión borrosa, sensación de flotar e de irrealidad)
Puede que se acuda a un servicio de urgencias por si las dudas, y ahí, tras las pruebas oportunas nos digan que no era nada grave, sólo un ataque de ansiedad. ¿Pero cómo nos podemos convencer de que no era NADA, si nosotros en realidad nos sentimos terriblemente mal?.
El habernos sentido tan traspuestos, el que eso sucediera en un momento tan tenso de nuestra vida en medio de las complicaciones y exigencias, y encima el miedo a que se repita... con qué facilidad se puede efectivamente repetir el episodio que deseábamos que ¡por favor! no volviera otra vez...

Comprendiendo lo que pasa


Como podemos observar por esta descripción en el ataque de pánico hay dos fuerzas que se unen y se suman:

  1. un estado de ansiedad que predispone a padecer molestias en la regulación del sistema nervioso (dificultad de relajarse, disparo automático de la sensación de alerta, cambios bruscos de ritmos).
  2. la percepción de este estado no como una molestia física menor, sino como algo terrible, enigmático y sumamente desagradable (algunos dicen que preferirían que les cortaran una mano antes de pasar por esos mementos). Tenemos la sensación de perder el control voluntario (¡horror!) y sentirnos débiles, desvalidos e impotentes (reacción de quedarnos clavados, paralizados y bloqueados).

Si lo expresamos con un esquema diríamos que
 

El estado de ansiedad producido por un estado general ocurre más bien al principio, pero al cabo de un cierto tiempo en realidad la causa de ansiedad deja de ser la que era y cambia a ser nuestra propia suspicacia y nuestro temor supersticioso de que pueda volverse a repetir, o el percibir el más mínimo estado corporal que nos parezca extraño, o el simple 'pensar en ello'. Eso explica que aunque pudieran suprimirse las causas primeras (pueden haber cambiado algunas circunstancias o hemos comenzado a tomar tranquilizantes) puedan haber sido sustituidas por otras.

En realidad, bajo el punto de vista del trastorno psicológico, lo relevante no es el haber tenido un ataque de pánico, que de hecho algunas personas tienen por haber cuidado a un enfermo varias noches seguidas, haber bebido más de la cuenta,  por efecto del consumo de algunas drogas o medicaciones, y que reconocen como 'lógico' debido al exceso, y que olvidan. Lo importante es que la persona que ha padecido un ataque de pánico:
 

¿Qué hacer?


Los pasos a seguir son:
 

  1. Hacer análisis médicos para descartar enfermedades de carácter orgánico (en particular trastornos endocrinos, circulatorios, dificultes de tensión arterial, etc.)
  2. Una vez establecida la causa psicológica hacer una reflexión acerca de cómo estamos viviendo, en qué puntos nos estamos 'pasando de la raya' y qué medidas de salud podríamos tomar (descanso, alimentación, ejercicio, diversión, cambio de actitudes).
  3. Llevar vida normal (llevar vida de enfermo incurable no nos hace sentir precisamente normales). La causa de la ansiedad no es externa sino interna, así que el mundo no tiene la culpa y sería inútil tomar medidas de precaución porque el miedo puede perfectamente cambiar de 'tema' una vez que cedemos en evitar determinada circunstancia.
  4. Evitar todo tipo de anticipación o pensamiento sobre la ansiedad: esta es la causa más importante del mantenimiento y crecimiento de la ansiedad. Una especulación es cizaña que sembramos y provoca mayor inseguridad. Lo correcto es 'vivir sin pensar' hasta que llegue el momento X, en el cual nos limitamos ha hacer lo que sigue a continuación.
  5. Tener preparado un guión para decirnos es ese momento (este guión se ha podido preparar previamente con un psicólogo, y contiene fundamentalmente la idea de lo que nos pasa en que tenemos mucho miedo, pero el miedo no nos hará morir, y simplemente es algo que 'bajará' en la medida de que actuemos con normalidad. No me muero, es sólo miedo.
  6. Respirar hondo. Si notamos cosquilleos en las puntas de las manos o en los pies significa que estamos ventilando o oxigenando más de la cuenta y que lo que interesa en 'parar', por lo que aguantaremos el aire contando tranquilamente uno, dos, tres, cuatro, y expulsaremos el aire suavemente, y repetimos la operación hasta notar que de esta forma introducimos menos exógeno, desaparece el síntoma del cosquilleo y nos resulta más cómoda la respiración.
  7. Mirar algo y centrar la visión en el mundo externo (veo un cuadro, una matrícula de coche que comienza por... ) Este ver-afuera nos ayudada a saber si vemos bien y a recuperar la agradable sensación de equilibrio. También conviene oir-fuera (que sonidos escucho, que canción suena, cómo oigo mi propia voz) y tocar alguna cosa como mi ropa, un mueble, un objeto cualquiera, pera dirigir los canales sensoriales hacia el exterior. Todas estas medidas conducen a comprobar si nos estamos desmayando o mareando o si estamos 'funcionales'. Cuanto antes comprobemos nuestro estado y salgamos de la inmovilidad, antes podemos cercionarnos de que nuestro estado es mejor de lo que parece.
  8. Continuar haciendo lo que estamos haciendo (si estábamos haciendo algo) o inventarnos una tarea. Es muy probable que la situación de pánico se de encerrados en una coche, en un aula o despacho, esperando en la cola del banco o para pagar en el supermercado (preferiblemente con personas detrás y delante impidiéndonos la huida). Entonces hacer algo puede ser hablar, curiosear, pensar lo que comimos la semana pasada, escribir algo, escuchar o tararear música, o cualquier cosa que tenga la suficiente garra para distraernos).
  9. Esperar los minutos necesarios para relajarnos (pensar que cuando uno se altera tarda un ratito en serenarse, es importante no confundir esto con que 'fracasamos' en el control, así que no hay que tomarse como algo 'raro' el que tardemos nuestros cinco o diez minutos en lograr tranquilizarnos.
  10. No enfadarse (pensamientos como "!otra vez!", "¿qué hecho yo para merecer eso?", "¡esto es espantoso!" "!soy débil!" y similares aportan tanto nivel de adrenalina a la corriente sanguínea como la ansiedad. Además esta ira contribuye notablemente a que la próxima vez parezca más infernal.
  11. También esta totalmente contraindicado deprimirse como si a uno le estuviera sucediendo alguna gran desgracia o tuviera la peor suerte del mundo. Esto solo hacer que agrandar al 'enemigo' haciendo que la ansiedad parezca más tirana, abusiva e todopoderosa que nunca. En vez de deprimirse es más útil animarse todo lo que uno pueda haciendo cosas que compensen el mal sabor de boca dejado por el momento de pánico (actividades lúdicas o que nos den paz, goce y nos reconcilien con la vida como la buena música, la buena lectura, la buena conversación o el goce estético de las cosas). Uno puede hacerse algún tipo de 'regalito' como un remedio curativo muy eficaz para 'minimizar' la fuerza del miedo. Hay que recordar que tomarse las cosas con humor es un buen método para solucionar todo tipo de problemas de salud y de la vida en general. (Algunas personas en fase de superación suelen hablar con su miedo diciéndole "así que ya has venido a molestarme un poco ¿no?, pues has de saber que ya no me impresionas porque sé que mucho ruido pero sólo eres un poco de ansiedad fisiológica inocente, así que ahora ¿qué cosa agradable podríamos hacer? ¿tal vez hablar con esa persona encantadora que tanto nos gusta? ¿tal vez nos podemos ocupar en algo útil e interesante que nos permita cambiar de tema? ...").
  12. Dejarse ayudar por un profesional. Es una lástima que muchas personas tengan alergia a dejarse ayudar por un psicólogo como si su valía personal quedara en entredicho, porque de igual modo que nos dejamos orientar por un asesor fiscal, un inversor financiero, o el maitre de un restaurante, es más síntoma de inteligencia y sensatez que de otra cosa contar con el asesoramiento de un psicoterapeuta especialista en trastornos de ansiedad. Todos los puntos anteriores y otros más quedan mucho mejor aclarados y sobre todo, puestos en práctica, con el apoyo del psicólogo, de forma que nos aseguremos del éxito en el control de un miedo que ya se ha apoderado de nosotros. Ya sé que estamos en la era del bricolaje, hágaselo usted mismo y de la auto-ayuda y que ésta misma información la ha encontrado usted en internet, pero tampoco que hay exagerar tanto que pongamos en peligro nuestra propia salud y calidad de vida sólo por evitar el contacto del profesional. Si tiene ataques de pánico y/o agorafobia, dedique tiempo y medios necesarios para su solución correcta y completa

 

Trastorno de Ansiedad Generalizada

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (T.A.G.) está caracterizado por la presencia de ansiedad persistente, que no guarda relación con circunstancias ambientales o contextuales particulares . La preocupación y la tensión se vuelven crónicas, aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo, el vivir atormentado por pensamientos catastróficos o fatales. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar.

Las personas que padecen de T.A.G. no parecen poder deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es mas intensa de lo que la situación justifica. Quienes padecen de T.A.G. también parecen no poder relajarse.

Frecuentemente les es trabajoso conciliar el sueño o permanecer dormidos. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos de calor, trastornos digestivos y sexuales. Pueden sentirse mareadas o que les falta el aire. Pueden sentir náuseas o que tienen que ir al baño frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta.

Muchos individuos con T.A.G. se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse y a veces también sufren de depresión.

La depresión frecuentemente acompaña a los trastornos de ansiedad; cuando esto sucede, también debe atenderse. Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza, cambios en el apetito o en el sueño así como la dificultad en concentrarse que frecuentemente caracterizan a la depresión pueden ser tratados con medicamentos antidepresivos y psicoterapia.

Por lo general, el daño asociado con el T.A.G. es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con T.A.G. no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de su trastorno. Esto no significa lo en absoluto que deba menospreciarse como enfermedad, ya que si éste es severo, el T.A.G. puede ser muy debilitante, resultando en dificultad para llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.

El T.A.G. se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios. En general, los síntomas de T.A.G. tienden a disminuir con la edad.

Las fobias y obsesiones en el T.A.G. son frecuentes, pero casi nunca severas.

Fobias

 

La fobia se define como el miedo o temor patológico que experimenta un individuo ante objetos o situaciones que no representan en sí mismos un peligro real para su salud o para su vida. El fóbico evitará por todos los medios posibles el exponerse o enfrentarse con las causas de ese miedo irracional, no acorde a las circunstancias u objetos que la generan En las ocasiones en las que el fóbico debe enfrentar estos estímulos fobígenos (involuntariamente o ante la falta de alternativa) siente un displacer variable según el caso en particular. Las fobias se clasifican actualmente en tres sub-tipos:  

Fobia Específica: miedo a algún objeto o 

situación determinada.

Fobia Social: miedo a colocarse en una situación 

sumamente vergonzosa en un medio social.

Agorafobia: la forma mas severa de las tres, acompaña al trastorno de pánico

Es el miedo que siente la persona de encontrarse en cualquier 

situación que pueda provocar un ataque de pánico o 

de la cual le sea difícil escapar si éste llegara a ocurrir.

 

Fobia Específica

Muchas personas experimentan fobias específicas, miedos intensos e irracionales a ciertos objetos o situaciones. Algunas de las más frecuentes son las fobias a la altura, a la oscuridad, a las tormentas, a ciertos animales, a la visualización o extracción de sangre, a los ascensores, a los aviones, etc.

Los adultos que sufren de fobias comprenden que sus miedos son irracionales pero frecuentemente enfrentarse a los objetos o a las situaciones que las ocasionan o siquiera pensar en hacerlo suele ocasionar un ataque de pánico o ansiedad severa.

En general, coexisten mas de una situación fóbica, pero la calidad de vida no llega a verse seriamente afectada. Generalmente las fobias aparecen primero en la adolescencia o en la edad adulta. Comienzan repentinamente y tienden a ser más persistentes que las que se inician en la niñez; de las fobias de los adultos únicamente más o menos el 20 por ciento desaparecen solas.

Cuando los niños tienen fobias específicas (por ejemplo, miedo a los animales), esos miedos por lo general desaparecen con el tiempo aunque puedan extenderse a la edad adulta. No se conocen las causas por qué persisten en algunas personas y desaparecen en otras.

Las personas con fobias no sienten la necesidad de recibir tratamiento, si les es fácil evitar aquello que les causa miedo. Sin embargo, en ocasiones tendrán que tomar decisiones desfavorables en su carrera o en lo personal para evitar una situación que les produzca fobia.

Cuando las fobias interfieren con la vida de una persona, se hace necesaria la intervención profesional. Un tratamiento efectivo generalmente incluye cierto tipo de terapia cognitiva llamada terapia de insensibilización o exposición progresiva, en la cual los pacientes se exponen gradualmente a aquello que los asusta, hasta que el miedo comienza a desaparecer. Tres cuartas partes de los pacientes se benefician notoriamente con este tratamiento. Los ejercicios de relajación y respiración también contribuyen a reducir los síntomas de ansiedad.

No existe hasta ahora un tratamiento comprobado a base de medicamentos para fobias específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes que la persona se enfrente a una situación potencialmente fobígena.
Estas son algunas de las Fobias Específicas mas habituales:  

Espacios cerrados:

Claustrofobia

Espacios abiertos:

Agorafobia

Alturas:

Acrofobia

Agua:

Hidrofobia

Arañas:

Aracnofobia

Truenos:

Asterofobia

Oscuridad:

Nictofobia

Lo nuevo:

Neofobia

Muerte:

Necrofobia

Suciedad:

Microfobia

Multitud:

Oclofobia

Volar:

Aerofobia

Soledad:

Eremofobia

Fobia Social

 

Quien sufre de fobia social tiende a evitar algunas o varias de estas situaciones:

Hablar con personas desconocidas 
Beber o comer en lugares públicos (temor a atragantarse) 
Hablar por teléfono mientras se es observado 
Orinar en un baño público