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A, cotinuación un articulo muy completo sobre este flagelo que afecta a millones de personas en el mundo, es un tipo de afectación que no discrimina, ni por la edad ni por grupos étnicos, clase social o estatus económico. Es una recopilación de información de diferentes fuentes (ver links a otras paginas web) y consultas profesionales, pero la mayor parte es del National Mental Health Institue de los Estados Unidos.
Danilo Lugo C. Ph.D.
U.S. InterAmerican Affairs - International division
2. Causalidad
3. Tratamiento para el trastorno de la ansiedad
4. Ataques de pánico y ansiedad
5. TAG Trastorno de Ansiedad Generalizado
6. Fobias
7. Trastornos Obesivo y Compulsivo
8. Trastorno por "Estres Post-Traumatico"
9. Terapia y medicación
10. Como recibir ayuda profesional en casos de trastorno de ansiedad
Sentirse nervioso; sentirse inquieto; agitado; estrés; tensión.
La ansiedad es una reacción a una amenaza real o imaginaria, un sentimiento general de intranquilidad o temor. El estrés es una presión o tensión física, mental o emocional. La tensión es esfuerzo, suspenso, ansiedad o excitación mental o emocional.
El estrés no es una enfermedad y es una parte normal de la vida de toda persona. El estrés no es necesariamente bueno o malo; sin embargo, las reacciones al estrés pueden variar considerablemente y algunas son indeseables. La reacción indeseable más frecuente es la ansiedad.
Frecuentemente la ansiedad está acompañada de tics o contracciones espasmódicas, tensión muscular, dolores de cabeza, sudoración, irritabilidad, fatiga, pesadillas, problemas de memoria, impotencia sexual, insomnio, boca seca o dificultad para la deglución.
El grado de ansiedad es mucho más una función individual que del grado de estrés. El riesgo de ansiedad se incrementa con el estrés, una historia de neurosis familiar, fatiga o exceso de trabajo, o la recurrencia de situaciones que han sido previamente estresantes o perjudiciales.
El insomnio y la incapacidad de concentrarse son síntomas comunes de ansiedad que pueden conducir a un círculo vicioso que empeore el problema. Los síntomas son efectos y no causas. Enfocarse en el insomnio o en la falta de concentración como el probelma, no es la solución.
Nota: puede haber otras causas para la ansiedad, además de las mencionadas. La posibilidad de incidencia de las mismas no está determinada por el orden en que éstas se presentan. Entre las causas de este síntoma se pueden citar enfermedades y medicamentos poco comunes. Además, las causas pueden variar según la edad y el sexo de la persona, así como también de acuerdo a las características específicas del síntoma, tales como calidad, duración, factores agravantes, factores aliviantes y enfermedades asociadas.

Diapositiva del curso manejo del Estres Ansiedad y Depresion (ver información)
Todas las personas saben lo que es sentir ansiedad: los hormigueos en el estómago antes de la primera cita, la tensión que usted siente cuando su jefe está enojado, la forma en que su corazón late si usted est en peligro. La ansiedad lo incita a actuar. Lo anima a enfrentarse a una situación amenazadora. Lo hace estudiar más para ese examen y lo mantiene alerta cuando está dando un discurso. En general, lo ayuda a enfrentarse a las situaciones.
Pero si usted sufre de trastorno de ansiedad, esta emoción normalmente útil puede dar un resultado precisamente contrario: evita que usted se enfrente a una situación y trastorna su vida diaria. Los trastornos de ansiedad no son sólo un caso de "nervios". Son enfermedades frecuentemente relacionadas con la estructura biológica y las experiencias en la vida de un individuo y con frecuencia son hereditarias. Existen varios tipos de trastornos de ansiedad, cada uno con sus características propias.
Un trastorno de ansiedad puede hacer que se sienta ansioso casi todo el tiempo sin ninguna causa aparente. O las sensaciones de ansiedad pueden ser tan incómodas que, para evitarlas, usted hasta suspenda algunas de sus actividades diarias. O usted puede sufrir ataques ocasionales de ansiedad tan intensos que lo aterrorizan e inmovilizan.
En el "National Institute of Mental Health" (NIMH), la agencia federal que lleva a cabo y apoya la investigación relacionada con trastornos mentales, la salud mental y del cerebro, los científicos están aprendiendo cada vez más y más respecto a la naturaleza de los trastornos de ansiedad, sus causas y cómo mitigarlos.
Muchas personas confunden estos trastornos y piensan que los individuos deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad. El querer que los síntomas desaparezcan no da resultado, pero hay tratamientos que pueden ayudarlo. Es por esto que el NIMH ha preparado este folleto: para ayudarlo a comprender estas situaciones, describir los tratamientos y explicar el papel que juega la investigación en la lucha para vencer la ansiedad y otros trastornos mentales.
Trastorno de Pánico
sin Agorafobia
Trastorno de
Pánico
con Agorafobia
Fobias:
Fobias Específicas
Fobia
Social
Agorafobia
Trastorno Obsesivo-Compulsivo
Trastorno por Estrés
Post-Traumático
Trastorno de Ansiedad
Generalizada
El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. El padecer de este trastorno significa anticipar siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad.
Las personas que padecen de TAG no parecen poder deshacerse de sus inquietudes aún cuando generalmente comprenden que su ansiedad es mas intensa de lo que la situación justifica. Quienes padecen de TAG también parecen no poder relajarse. Frecuentemente tienen trabajo en conciliar el sueño o en permanecer dormidos. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos de calor. Pueden sentirse mareadas o que les falta el aire. Pueden sentir náusea o que tienen que ir al baño frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta.
Muchos individuos con TAG se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse y a veces también sufren de depresión.
Por lo general, el daño asociado con TAG es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con TAG no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de su trastorno. Sin embargo, si éste es severo, el TAG puede ser muy debilitante, resultando en dificultad para llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.
El TAG se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios.
"...Padecer de TAG siempre quiere
decir anticipar desastres,
frecuentemente preocuparse
demasiado por la salud,
el dinero, la familia o el
trabajo. Las preocupaciones
frecuentemente se presentan
acompañadas de síntomas físicos
tales como temblores,
tensión muscular y náusea..."
En general, los síntomas de TAG tienden a disminuir con la edad. Un tratamiento acertado puede incluir un medicamento llamado buspirone. Se éstan llevando a cabo investigaciones para confirmar la efectividad de otros medicamentos como benzodiazepinas y antidepresivos. También son útiles la técnica de terapia de comportamiento cognoscitivo, las técnicas de relajamiento y de retroalimentación para controlar la tensión muscular.
frecuentemente acompaña a los trastornos
de ansiedad y, cuando esto sucede, también debe atenderse.
Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza,
cambios en el apetito o en el sueño así como la
dificultad en concentrarse que frecuentemente
caracterizan a la depresión pueden ser tratados con
efectividad con medicamentos antidepresivos o,
dependiendo de la severidad del mal, con psicoterapia.
Algunas personas responden mejor a una combinación
de medicamentos y psicoterapia.
CRISIS DE ANSIEDAD: CÓMO REACCIONAR
La crisis de ansiedad o ataque de pánico es un acceso repentino de pánico
inexplicable que no es motivado por un estímulo concreto, sino que aparece
espontáneamente; normalmente fruto de otros problemas más generales que se van
acumulando hasta provocar un estallido de tensión.
Las víctimas de estos ataques sienten un terror inesperado ante una exagerada
sensación de peligro y de proximidad de la muerte. Si bien es difícil hacerlo,
una persona afectada por estas crisis debe tratar, ante todo, de desdramatizar
la situación. Frecuentemente el mismo pánico provocado por el ataque lo
realimenta, multiplicando su intensidad. Hay que tener en cuenta que, aunque
molestos, estos ataques no son en absoluto peligrosos para la salud. Si se
relativiza su importancia, se conseguirá reducir sensiblemente la angustia
acumulada, y con ella, la espiral que se produce entre los síntomas y sus
consecuencias.
Sobre todo, es fundamental que las personas en el entorno del enfermo no se
dejen llevar por el pánico, y permanezcan serenamente junto a él. Es muy
importante que quien sufre una de estas crisis vea que la gente alrededor
permanece tranquila y con la cabeza fría. Si todo el mundo se deja llevar por el
pánico, el que ya siente el afectado se verá multiplicado.
Dos formas importantes de prevenir estas crisis son las terapias de relajación,
si bien es difícil adaptarse a ellas al principio; y el uso de fitoterapia
(plantas medicinales), especialmente a través de plantas con potente efecto de
relajación muscular, comoel kava-kava o la amapola de California.
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¿Sabe como
reconocer que le afectan crisis de ansiedad?
Test de
ansiedad 3 Tu ansiedad ante determinadas situaciones puede estar generada por comportamientos inadecuados. Si quieres aprender a reducirla, el primer paso es que conozcas cuáles son tus respuestas motoras “poco útiles”.
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1. Cuando tengo que hablar delante de muchas personas: |
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Mis movimientos son torpes, no me atrevo a mirar a la gente a los ojos. |
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Tartamudeo o tengo otras dificultades de expresión (hablar muy rápido, no vocalizar...). |
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2. Cuando soy impuntual: |
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Siempre busco algún pretexto, aunque sea mentira, para excusarme con quien me espera. |
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Me bloqueo y no sé qué hacer. |
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3. Cuando se me acumulan muchas tareas: |
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Lo hago todo corriendo, mirando una y otra vez el reloj. |
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Abandono la tarea. |
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4. En los exámenes o cuando voy a tener una entrevista de trabajo: |
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Como o fumo en exceso. |
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No puedo parar de moverme: me rasco, me muerdo las uñas... |
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5. Cuando estoy muy cerca de una persona que me atrae: |
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Tartamudeo o tengo otras dificultades de expresión. |
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Desvío mi mirada hacia otro lado. |
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6. Cuando alguien me culpa, por haber hecho algo mal: |
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Le contesto de mala manera, por ejemplo, insultándole. |
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Me callo, agacho la cabeza y me voy. |
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7. Cuando tengo que resolver una situación difícil o tomar una decisión: |
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Pido rápidamente ayuda a otras personas (padres, amigos...). |
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Espero tranquilamente que se resuelva por sí solo. |
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8. Cuando estoy siendo observado y examinado en mi trabajo: |
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Busco alguna excusa para interrumpir la tarea. |
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Actúo torpemente: se me olvidan cosas, pierdo o se me resbalan objetos, me tropiezo... |
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9. Cuando voy a hacerme un análisis de sangre: |
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Me entra algún tic (movimientos repetitivos e inconscientes). |
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Mi mirada no se posa en un lugar concreto (p.e. frente a una revista, paso las páginas a toda velocidad, sin leer nada). |
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*Si la mayoria de respuestas corresponden al numero uno, no hay de que preocuparse. Si pasa más de la mitad con el numero 2, está en alto riesgo, y si la respuesta es afirmativa en el numero tres: !...Necesita Ayuda Profesional...!

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Tratamiento para Trastornos de Ansiedad
Muchas personas con trastornos de ansiedad pueden ayudarse con un tratamiento. La terapia para trastornos de ansiedad frecuentemente incluye medicamentos o formas específicas de psicoterapia.
Los medicamentos, aunque no son curaciones, pueden ser muy efectivos para mitigar los síntomas de ansiedad. En la actualidad, gracias a la investigación llevada a cabo por científicos en el NIMH y otras instituciones de investigación, existen más medicamentos disponibles que antes para el tratamiento de trastornos de ansiedad. De tal manera que, si un medicamento no da el resultado buscado, generalmente hay otros que se pueden probar. Además, se están descubriendo nuevos medicamentos para el tratamiento de los síntomas de ansiedad.
En casi todos los medicamentos que se recetan para el tratamiento de ansiedad, el médico generalmente inicia al paciente con una dosis baja y gradualmente se la aumenta hasta llegar a la dosis adecuada. Cada medicamento tiene efectos secundarios pero éstos por lo general se llegan a tolerar o disminuyen con el tiempo. Si los efectos secundarios llegan a ser un problema, el doctor puede aconsejar al paciente que deje de tomar el medicamento y que espere una semana, o más tiempo en el caso de ciertas drogas, antes de probar uno nuevo. Cuando el tratamiento está por terminarse, el doctor puede disminuir la dosis gradualmente.
Las investigaciones también han demostrado que la terapia de comportamiento y la terapia de comportamiento cognoscitivo pueden ser efectivas para el tratamiento de varios trastornos de ansiedad.
La terapia de comportamiento se concentra en cambiar acciones específicas y usa varias técnicas para disminuir o detener un comportamiento indeseable. Por ejemplo, una técnica entrena a los pacientes en respiración diafragmática, un ejercicio especial de respiraci¢n que consiste en respiraciones lentas, profundas, para reducir la ansiedad. Esto es necesario porque las personas que tienen ansiedad frecuentemente sufren de hiperventilación, respirando rápidamente cortas cantidades de aire que pueden provocar latidos rápidos del corazón, mareos y otros síntomas. Otra técnica: terapia de exposición: expone gradualmente a los pacientes a aquello que los asusta y les ayuda a vencer sus miedos.
Al igual que la terapia de comportamiento, la terapia de comportamiento cognoscitivo enseña a los pacientes a reaccionar en forma diferente en las situaciones y sensaciones corporales que desatan los ataques de pánico y otros síntomas de ansiedad. Sin embargo, los pacientes también aprenden a comprender la forma en que su manera de pensar contribuye a sus síntomas y cómo cambiar sus pensamientos para disminuir la posibilidad de que los síntomas ocurran. Este entendimiento de los patrones de pensamiento se combina con la técnica de exposición y con otras terapias de comportamiento para ayudar a las personas a enfrentarse a las situaciones que les causan miedo. Por ejemplo, alguien que se siente mareado durante un ataque de pánico y teme que se va a morir puede recibir ayuda con la siguiente técnica que se usa en la terapia de comportamiento cognoscitivo: el terapista le pide al paciente que dé vueltas en un mismo lugar hasta que se marée. Cuando el paciente se alarma y comienza a pensar: "me voy a morir", él aprende a reemplazar ese pensamiento con otro más apropiado como "no es más que un pequeño mareo; yo puedo controlarlo".
Actualmente prevalece la teoría de la pluricausalidad en el origen de los
trastornos de ansiedad. Los tests psicológicos y estudios médicos
complementarios (dosajes hormonales o de neurotransmisores cerebrales,
electroencefalografía, mapeos cerebrales, tomografía asistida por computación,
estudios de resonancia magnética, etc.) han podido determinar hasta el momento
con exactitud la etiología de estos desórdenes ansiosos. Se ha sugerido ya desde
hace algunos años la multicausalidad para intentar explicar el desarrollo de
estas enfermedades. Gráficamente, se sostiene lo siguiente acerca del origen de
estos trastornos:
Factores genéticos-hereditarios
(constitución)
Experiencias infantiles
(crianza-educación)
MAYOR O MENOR DISPOSICIÓN A ENFERMAR
FACTORES DESENCADENANTES
TRASTORNOS O ENFERMEDADES = SIGNOS Y SÍNTOMAS
La mayoría de las personas que desarrollan en la edad adulta un trastorno de ansiedad cuentan en su haber una historia previa con rasgos de personalidad frágil, insegura, dependiente y evitativa, hiperalerta, muy pendiente de sus reacciones fisiológicas (latidos cardíacos, ruidos intestinales, etc.)

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Trastorno de Pánico
Ataque o Crisis de Pánico Quienes padecen de crisis de pánico experimentan sensaciones de terror que les llegan repentina y repetidamente sin previo aviso. No pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque y muchas personas pueden manifestar ansiedad intensa entre crisis consecutivas (ansiedad intercrítica). Entre tanto, existe una continua preocupación que en cualquier momento vaya a presentarse otro ataque.
El ataque de pánico se manifiesta súbitamente, sin aviso, en la forma de palpitaciones, taquicardia, sudor, debilidad y mareo. Puede sentirse cosquilleos en las manos o sentirlas entumecidas (parestesias) y posiblemente sofocación y escalofríos. Puede experimentarse dolor en el pecho o sensaciones de ahogo, de irrealidad o tener miedo a que suceda una calamidad o a perderse el control sobre sí mismo. Quien sufre una crisis de pánico llega a creer que está sufriendo un ataque al corazón o de apoplejía, que está perdiendo la razón o que está por morir sin poder hacer nada por evitarlo. Los ataques pueden ocurrir a cualquier hora, aún durante la noche al estar dormido. Mientras casi todos los ataques duran entre dos minutos y cinco minutos, en ocasiones pueden durar hasta 10 minutos; en casos raros pueden durar una hora o más.
El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición recurrente de ataques (cronificación del cuadro), acompañados en los intervalos intercríticos de una preocupación desmedida o miedo persistente a la reaparición de una nueva crisis; se llega a este diagnóstico cuando se sufre en un lapso de cuatro semanas cuatro ataques que reúnan al menos cuatro de los síntomas mencionados con respecto a la crisis de pánico
Se cree que el trastorno de pánico ataca cuanto menos al 1.6 por ciento de la población, y puede presentarse a cualquier edad, en los niños o en los ancianos, pero casi siempre comienza en los adultos jóvenes. No todos los que sufren ataques de pánico terminan desarrollando un trastorno de pánico; por ejemplo, muchas personas sufren un ataque y nunca vuelven a tener otro.
Sin embargo, es vital para quienes padecen de trastorno de pánico el remitirse a un tratamiento adecuado. Esta enfermedad no tratada correctamente puede resultar en una franca y virtual invalidez.
El trastorno de pánico puede ir acompañado de otros problemas (depresión, alcoholismo, fármacodependencia, fantasías recurrentes de suicidio) y puede engendrar fobias relacionadas con lugares o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido.
Por ejemplo, si se experimenta un ataque de pánico en la calle, es posible que se llegue a sentir miedo a ella y se empiece a evitar el salir.
La calidad de vida de las personas afectadas por el T.D.P. llega a hacerse muy pobre, porque se ven obligadas a evitar actividades diarias normales como ir al mercado, manejar un vehículo o, en algunos casos hasta salir de su casa. O bien, pueden llegar a confrontar una situación que les causa miedo siempre y cuando vayan acompañadas de su cónyuge o de otra persona que les merezca confianza (acompañante contrafóbico). Básicamente, evitan cualquier situación que temen pueda hacerlas sentirse indefensas si ocurre un ataque de pánico.
Cuando, como resultado de esta enfermedad, las vida de la persona afectada llega a ser tan restringida (como sucede en casi una tercera parte de las personas que padecen de trastornos de pánico), se diagnostica trastorno de pánico con agorafobia. La tendencia hacia trastornos de pánico y agorafobia parece ser hereditario. Sin embargo un tratamiento oportuno al trastorno de pánico puede frecuentemente detener el progreso hacia la agorafobia.
ATAQUES DE PANICO......!
Porqué...?
En la
infancia tenemos una idea ominipotente y fantasiosa sobre nuestras limitaciones
físicas. Podemos pensar que nunca envejeceremos y moriremos o que será tan tan
lejos que prácticamente no ocurrirá nunca. Quizá estas ideas nos preparan mal
para la práctica sensata del auto-cuidado, y de ahí que durante un largo periodo
juvenil podamos abusar de nuestra aparentes 'energías ilimitadas' para
trasnochar, mal alimentarnos y también para adquirir la mala costumbre de
preocuparnos y sufrir sin que aparentemente ello implique mayores
complicaciones.
Pero un buen día las cosas pueden cambiar y enviarnos repentinas señales de
funcionamiento corporal anómalo, como si el cuerpo ya no tolerara el mismo ritmo
de agobio que tenía hasta el día anterior.
No somos conscientes de nuestro nivel de agobio, tensión e inquietud si estamos
atravesando una época de estrés. Estamos tan familiarizados con las sensaciones
internas de ansiedad que nos parecen normales, o por lo menos no preocupantes.
Las despreciamos, aunque el nivel de tensión en realidad es más alto de lo que
nuestro organismo está preparado para tolerar.
Esta especie de ceguera y sordera sobre nuestro estado es un error de cálculo
que nace de que no conocemos nuestras limitaciones corporales (que niveles de
descanso, relax, bienestar, distracción y goce necesitamos para funcionar
operativamente). Nos hemos mal-educado a ser sacrificados y sufridores,
anteponiendo el deber, la ambición y la auto-exigencia, o la búsqueda desaforada
de estímulos. Quizás sabemos cuantas horas seguidas podemos aguantar trabajando,
pero no sabemos cuantas horas necesitamos para ocuparnos de nuestra mínima
tranquilidad personal. Ocurre también con demasiada frecuencia que tampoco
sabemos manejarnos demasiado bien frente a las frustraciones, ante las que
solemos buscar salidas que más que calmarlas parecen exacerbarlas.
Pero los hechos son los hechos: nuestro cuerpo biológico, en especial nuestro
sistema nervioso, tiene sus propias limitaciones de funcionamiento (no puede
estar permanentemente activado forzado a trabajar al máximo).
Esto es lo que fundamenta un ataque de pánico, que también podríamos llamar
crisis de ansiedad.
La persona intenta en un momento dado detener su ritmo frenético. Se sienta, se
para en frente al semáforo, espera en una cola, se tumba a descansar un rato,
intenta mirar la televisión, está sentado en un medio de transporte, etc., Es
precisamente eso, que estamos haciendo algo que no es particularmente activo lo
que nos desconcierta, porque repentinamente notamos que no podemos hacer la cosa
tan tranquila que queríamos hacer, porque el sistema nervioso está demasiado
alterado para bajar de tan arriba a tan abajo en un instante.
En un segundo percibimos esta dificultad anómala, podemos observar los efectos
de la taquicardia (acaloramiento de la parte central del cuerpo, aceleración
respiratoria), nuestra respiración parece ser incómoda, y los mecanismos
automáticos del control del ritmo respiratorio deciden hacer paradas bruscas que
nos desconciertan (¿Me quedaré sin aire, pensamos?), se ha disparado nuestro
sistema de alarma como esas alarmas de la tienda de al lado que se conecta un
día de viento sin más ni más.
En un segundo notamos el encendimiento que produce en nuestro cuerpo el estado
de activación general (pensemos por ejemplo en la reacción que sentiríamos ante
un susto intento repentino, como ver aparecer un perro en nuestra habitación o
que se rompieran los vidrios de una ventana, una explosión, etc.).
Pero como nada pasa en el exterior, pensamos, ¿Qué me sucede? ¿Me estaré
muriendo? ¿Será esto un ataque cardíaco, colapso respiratorio, embolia cerebral?
¿Será esto que tengo un ataque de locura? ¿Cómo me puedo morir ahora sin haber
hecho testamento o dejando las cosas sin arreglar?
Pensar este 'diagnóstico' no es precisamente tranquilizador... Así que si ya
estamos 'encendidos' creernos en grave peligro acaba de provocar un incendio.
Estamos en pleno pánico. Sube el nivel de ansiedad provocando más efectos
espectaculares (temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidez de nuca,
visión borrosa, sensación de flotar e de irrealidad)
Puede que se acuda a un servicio de urgencias por si las dudas, y ahí, tras las
pruebas oportunas nos digan que no era nada grave, sólo un ataque de ansiedad.
¿Pero cómo nos podemos convencer de que no era NADA, si nosotros en realidad nos
sentimos terriblemente mal?.
El habernos sentido tan traspuestos, el que eso sucediera en un momento tan
tenso de nuestra vida en medio de las complicaciones y exigencias, y encima el
miedo a que se repita... con qué facilidad se puede efectivamente repetir el
episodio que deseábamos que ¡por favor! no volviera otra vez...
Como podemos observar por esta descripción en el ataque de pánico hay dos
fuerzas que se unen y se suman:
Si lo
expresamos con un esquema diríamos que
El estado de ansiedad producido por un estado general ocurre más bien al principio, pero al cabo de un cierto tiempo en realidad la causa de ansiedad deja de ser la que era y cambia a ser nuestra propia suspicacia y nuestro temor supersticioso de que pueda volverse a repetir, o el percibir el más mínimo estado corporal que nos parezca extraño, o el simple 'pensar en ello'. Eso explica que aunque pudieran suprimirse las causas primeras (pueden haber cambiado algunas circunstancias o hemos comenzado a tomar tranquilizantes) puedan haber sido sustituidas por otras.
En realidad, bajo el punto de
vista del trastorno psicológico, lo relevante no es el haber tenido un ataque de
pánico, que de hecho algunas personas tienen por haber cuidado a un enfermo
varias noches seguidas, haber bebido más de la cuenta, por efecto del consumo
de algunas drogas o medicaciones, y que reconocen como 'lógico' debido al
exceso, y que olvidan. Lo importante es que la persona que ha padecido un ataque
de pánico:
Los pasos a seguir son:
Muchos individuos con T.A.G. se sobresaltan con mayor facilidad que otras personas. Tienden a sentirse cansados, les cuesta trabajo concentrarse y a veces también sufren de depresión.
La depresión frecuentemente acompaña a los trastornos de ansiedad; cuando esto sucede, también debe atenderse. Los sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza, cambios en el apetito o en el sueño así como la dificultad en concentrarse que frecuentemente caracterizan a la depresión pueden ser tratados con medicamentos antidepresivos y psicoterapia.
Por lo general, el daño asociado con el T.A.G. es ligero y las personas con ese trastorno no se sienten restringidas dentro del medio social o en el trabajo. A diferencia de muchos otros trastornos de ansiedad, las personas con T.A.G. no necesariamente evitan ciertas situaciones como resultado de su trastorno. Esto no significa lo en absoluto que deba menospreciarse como enfermedad, ya que si éste es severo, el T.A.G. puede ser muy debilitante, resultando en dificultad para llevar a cabo hasta las actividades diarias más simples.
El T.A.G. se presenta gradualmente y afecta con mayor frecuencia a personas en su niñez o adolescencia, pero también puede comenzar en la edad adulta. Es más común en las mujeres que en los hombres y con frecuencia ocurre en los familiares de las personas afectadas. Se diagnostica cuando alguien pasa cuando menos 6 meses preocupándose excesivamente por varios problemas diarios. En general, los síntomas de T.A.G. tienden a disminuir con la edad.
Las fobias y obsesiones en el T.A.G. son frecuentes, pero casi nunca severas.
Fobia
Específica:
miedo a algún objeto o
situación
determinada.
Fobia
Social:
miedo a colocarse en una
situación
sumamente
vergonzosa en un medio social.
Agorafobia:
la forma mas severa de las tres, acompaña al
trastorno de pánico.
Es
el miedo que siente la persona de encontrarse en cualquier
situación
que pueda provocar un ataque de pánico o
de
la cual le sea difícil escapar si éste llegara a ocurrir.
Fobia Específica
Muchas personas experimentan fobias específicas, miedos intensos e irracionales a ciertos objetos o situaciones. Algunas de las más frecuentes son las fobias a la altura, a la oscuridad, a las tormentas, a ciertos animales, a la visualización o extracción de sangre, a los ascensores, a los aviones, etc.
Los adultos que sufren de fobias comprenden que sus miedos son irracionales pero frecuentemente enfrentarse a los objetos o a las situaciones que las ocasionan o siquiera pensar en hacerlo suele ocasionar un ataque de pánico o ansiedad severa.
En general, coexisten mas de una situación fóbica, pero la calidad de vida no llega a verse seriamente afectada. Generalmente las fobias aparecen primero en la adolescencia o en la edad adulta. Comienzan repentinamente y tienden a ser más persistentes que las que se inician en la niñez; de las fobias de los adultos únicamente más o menos el 20 por ciento desaparecen solas.
Cuando los niños tienen fobias específicas (por ejemplo, miedo a los animales), esos miedos por lo general desaparecen con el tiempo aunque puedan extenderse a la edad adulta. No se conocen las causas por qué persisten en algunas personas y desaparecen en otras.
Las personas con fobias no sienten la necesidad de recibir tratamiento, si les es fácil evitar aquello que les causa miedo. Sin embargo, en ocasiones tendrán que tomar decisiones desfavorables en su carrera o en lo personal para evitar una situación que les produzca fobia.
Cuando las fobias interfieren con la vida de una persona, se hace necesaria la intervención profesional. Un tratamiento efectivo generalmente incluye cierto tipo de terapia cognitiva llamada terapia de insensibilización o exposición progresiva, en la cual los pacientes se exponen gradualmente a aquello que los asusta, hasta que el miedo comienza a desaparecer. Tres cuartas partes de los pacientes se benefician notoriamente con este tratamiento. Los ejercicios de relajación y respiración también contribuyen a reducir los síntomas de ansiedad.
No
existe hasta ahora un tratamiento comprobado a base de medicamentos para fobias
específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden recetarse para ayudar a
reducir los síntomas de ansiedad antes que la persona se enfrente a una
situación potencialmente fobígena.
Estas son algunas de las
Fobias Específicas mas habituales:
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Claustrofobia |
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Agorafobia |
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Acrofobia |
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Hidrofobia |
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Aracnofobia |
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Asterofobia |
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Nictofobia |
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Neofobia |
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Necrofobia |
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Microfobia |
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Oclofobia |
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Aerofobia |
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Eremofobia |
Fobia Social
Quien sufre de fobia social tiende a evitar algunas o varias de estas situaciones:
Hablar
con personas desconocidas
Beber
o comer en lugares públicos (temor a atragantarse)
Hablar
por teléfono mientras se es observado
Orinar
en un baño público
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