
United Nations, Public Information Department New York
La "reestructuración" de la economía, el comercio y las finanzas en un mundo dominado por el neoliberalismo ha provocado la globalización del crimen. Mientras los sistemas estatales se desmoronan bajo el peso de la crisis financiera, el crimen organizado comienza a jugar un papel dominante en la economía y la política de los estados, a la vez que aprovecha la desregulación del sistema financiero internacional para "lavar" su dinero mal habido. El crimen se ha transformado, de esa forma, en parte integrante del sistema económico internacional, con trascendentales consecuencias sociales, económicas y geopolíticas.
En todo el Tercer Mundo, la corrupción, estimulada por
la desregulación financiera, está minando las economías
nacionales y empobreciendo a millones de personas. El crimen organizado se ha
infiltrado en las finanzas y la banca internacionales. Tanto en países
industrializados como en desarrollo, el sistema estatal está en crisis
y las mafias se han transformado en importantes actores de la política
económica y social de los gobiernos.
En este ámbito, bancos "respetables" rutinariamente ignoran
la línea divisoria entre capital organizado y crimen organizado, prestándose
al lavado de enormes cantidades de dinero, mientras la reestructuración
del comercio y las finanzas mundiales tiende a favorecer la "globalización"
de prácticas económicas delictivas.
De esa forma, las fechorías de los pequeños delincuentes son destacadas
por la prensa y la policía, mientras las funciones política y
económica de organizaciones criminales internacionales, que operan como
entidades comerciales legítimas en el mercado mundial, son vistas naturalmente
como parte del sistema.
Desde hace algún tiempo, las mafias han sustituido la bandera negra por
la computadora y el estuche de violín con una metralleta dentro por el
maletín de ejecutivo. Este paso del bajo mundo a las pulcras salas de
junta ha sido facilitado por la tendencia global a la "liberalización
económica", responsable de la reducción del Estado, la desregulación
de la banca y el comercio internacionales, y la privatización de empresas
públicas. Estas condiciones no sólo benefician a las grandes empresas
transnacionales y los bancos internacionales que las promueven vigorosamente,
sino que también favorecen el crecimiento y la "internacionalización"
de prácticas ilícitas. En realidad, el límite entre ambos
tipos de actividades es casi imperceptible.
Las ganancias y la influencia del crimen organizado son inmensas,
tanto en países industrializados como en desarrollo. Según la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), los ingresos de las organizaciones
criminales transnacionales a nivel mundial suman alrededor de un billón
de dólares, cifra equivalente al producto interno bruto (PIB) combinado
de todos los países de bajos ingresos, con una población de 3.000
millones de habitantes. (Ver actas de la Conferencia de la ONU sobre Prevención
del Crimen, El Cairo, mayo de 1995). La estimación de la ONU incluye
las ganancias procedentes del tráfico de drogas, armas, materiales nucleares,
así como de servicios controlados por la mafia (prostitución,
juego, cambio de moneda). Lo que estas cifras no transmiten adecuadamente es
la magnitud de las inversiones realizadas rutinariamente por organizaciones
criminales en empresas comerciales "legítimas", así
como su control de los medios de producción en muchas áreas de
la economía legal.
Y así como las grandes empresas han aumentado su alcance
e influencia formando firmas transnacionales que pueden evadir el control de
países individuales, el crimen organizado también se ha globalizado.
Una nueva relación transnacional ha surgido entre los triángulos
asiáticos, los yakuzas japoneses y las mafias europeas y estadounidenses.
En lugar de proteger su campo tradicional, las organizaciones criminales en
diferentes partes del mundo poseen fuerzas combinadas "en un espíritu
de cooperación global", dirigidas hacia la "apertura de nuevos
mercados" tanto en la economía legal como en la ilegal. De acuerdo
con un observador, "los grupos criminales funcionan mejor que la mayoría
de las 500 compañías de Fortune (...) con organizaciones que se
asemejan más a General Motors que a la tradicional mafia siciliana".
Según una declaración del director del FBI, Jim Moody, a un subcomité
del Congreso estadounidense, las mafias de Rusia "cooperan con grupos criminales
de otros países, incluyendo los establecidos en Italia y Colombia (...)
La transición hacia el capitalismo (en la ex Unión Soviética)
ofreció nuevas oportunidades que fueron rápidamente aprovechadas
por esas organizaciones".
Asimismo, los grupos criminales colaboran cotidianamente con empresas comerciales
que invierten en una variedad de proyectos "legítimos", lo
cual no sólo les ofrece la oportunidad de lavar su dinero de procedencia
ilícita, sino también de acumular riqueza en un marco legal. Estas
inversiones se realizan en inmuebles de lujo, espectáculos, editoriales,
medios de prensa y servicios financieros, pero también en empresas de
servicio público, manufactura y agricultura.
En Estados Unidos, la mafia invierte tanto en inmuebles urbanos
como en tierras agrícolas. En Tailandia, miles de millones de dólares
del Triángulo de Oro de la heroína fueron reciclados por sindicatos
comerciales y sociedades secretas de Bangkok hacia inversiones en la industria
textil. Asimismo, cientos de millones de dólares de los carteles de la
droga mexicanos se destinaron a comprar empresas públicas durante la
ola de privatizaciones iniciada bajo el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
La criminalización de la política
Para prosperar, al igual que las empresas legales, los sindicatos
criminales necesitan amigos en posiciones encumbradas. En el nuevo ambiente
financiero mundial, poderosos grupos clandestinos de presión política
conectados al crimen organizado cultivan amistad con destacadas figuras políticas
y altos funcionarios de gobierno. Este fenómeno es común no sólo
en los llamados "mercados emergentes", sino también en la Unión
Europea, Estados Unidos y Japón, donde la corrupción es desenfrenada.
En Italia, el ejemplo más patente de Europa, la Cosa
Nostra invadió todo el ambiente político. Además del ex
primer ministro Giulio Andreotti, procesado por recibir dinero de la mafia,
cerca de 3.000 funcionarios y ejecutivos de corporaciones fueron investigados
o acusados por corrupción.
La naturaleza del Estado y de la estructura social se han transformado.
En varios países de América Latina, los carteles de la droga invadieron
el aparato estatal y se integraron al partido político gobernante.
Como quedó en evidencia en el escándalo del Partido Liberal de
Colombia, el cartel de Cali realizó importantes contribuciones para la
campaña electoral del presidente Ernesto Samper, y en 1995, más
de una docena de miembros del Congreso, el contralor, el fiscal general y el
ministro de Defensa fueron procesados por aceptar pagos de esa organización.
De manera similar, los asesinatos políticos ocurridos
en México en 1994, en los que estarían involucrados el ex presidente
Carlos Salinas de Gortari y su hermano Raúl, sacaron a luz el papel de
los carteles del narcotráfico en el gobernante Partido Revolucionario
Institucional. El zar de la droga Juan García Abrego tenía al
hermano del presidente como patrocinador.
En Bolivia, desde mediados de los años 80, los sucesivos gobiernos de
coalición también tendrían vínculos con los narcotraficantes.
En Venezuela, las "narcomafias" habrían utilizado para lavar
su dinero al mayor banco comercial del país, el Latino. Antes de su espectacular
colapso junto a otros 19 bancos del país en 1994, el Banco Latino era
controlado por la familia de Pedro Tinoco, quien también fue presidente
del Banco Central bajo el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez
y tuvo un destacado papel en el diseño del programa de ajuste estructural
aplicado a partir de 1989. (Ver Geopolitical Drug Watch, No. 51, enero de 1996,
p. 8). En palabras de un observador, "los cárteles de la droga crearon
una relación simbiótica entre la economía y las estructuras
políticas" (declaración de Alejandro Reyes, de la Universidad
Nacional de Colombia, citado en Anna Proenza, "De la concentration verticale
à la multiplication des cartelitos", Le Monde Dossier et Documents,
enero de 1996).
Aquí, como en el resto del mundo, tales relaciones permitieron a las
organizaciones criminales ejercer una influencia decisiva sobre la política
macroeconómica. En varios países latinoamericanos, los programas
de ajuste estructural fueron adoptados por políticos directamente vinculados
a carteles de la droga.
"Dinero encubierto"
El área gubernamental de los servicios de inteligencia
parece tener una especial propensión al intercambio de favores. Desde
el fin de la segunda guerra mundial, los organismos occidentales de inteligencia
desarrollaron una compleja relación con el narcotráfico en particular.
En un caso tras otro, el dinero de la droga lavado en el sistema bancario internacional
financió operaciones encubiertas.
Reciclando dinero sucio
La mayor parte de las ganancias recaudadas por organizaciones
criminales, sin embargo, es reciclada mediante canales perfectamente normales,
con la ayuda de sus contrapartes legítimas. El dinero sucio y encubierto
se deposita en bancos comerciales que lo usan para ampliar sus préstamos
a empresas legales e ilegales, y también se canaliza hacia inversiones
"respetables" en artículos primarios, acciones y bonos gubernamentales.
En muchos países, es a través de estos bonos que las organizaciones
criminales, acreedoras de gran parte de la deuda pública, ejercen una
influencia tácita sobre la política macroeconómica del
gobierno.
Con tantas cosas en común, no es sorprendente que el mismo sistema financiero
que favorece a los bancos y empresas legales sirva a las organizaciones criminales.
Las leyes que promueven la huida de capitales a paraísos fiscales offshore
ayudan no sólo a personas de fortuna a sacar de su país "dinero
negro" (que evadió al fisco), sino también a las mafias a
cambiar de lugar sus ganancias mal habidas. En ambos casos, los bancos cobran
suculentas
Comisiones sobre las transacciones.
Los bancos comerciales también lucran prestando grandes sumas de dinero
a organizaciones criminales. Estas inyecciones de capital apoyan la expansión
de la economía criminal, así como la penetración de la
economía legal por el crimen organizado. Las mafias, a su vez, realizan
importantes inversiones en bancos comerciales -a algunos de los cuales controlan-
y en firmas jurídicas y de corretaje que pueden resultar tan útiles
como redituables. El experto Jonathan Harris estima en forma conservadora que
el sistema bancario de Estados Unidos lava al año 100.000 millones de
dólares del crimen organizado, utilizando algunos de los mayores bancos
de Manhattan. Otro estudio destaca el papel de las grandes empresas de inversión
de Nueva York y de los agentes de cambio de moneda y lingotes de oro de Wall
Street en el lavado de dinero de los carteles de la droga.
Aunque hay numerosos casos documentados de lavado de dinero, los procesamientos
penales invariablemente se limitan a sucursales bancarias. Muy pocos bancos
fueron sujetos a juicio. Por ejemplo, en un acuerdo judicial realizado en 1994
en Houston, el American Express International Bank fue multado en siete millones
de dólares y se le decomisaron 25 millones para arreglar acusaciones
de lavado de dinero.
"El juicio contra el American Express surgió a partir de cargos
criminales presentados contra dos directores del banco que trabajaban en Beverly
Hills, California, condenados por mover fondos a través de cuentas del
banco controladas por empresas creadas en las islas Caimán. Para obtener
el acuerdo, funcionarios federales aceptaron renunciar a una acusación
penal del banco. "Decidimos que la actividad criminal no había invadido
toda la empresa, sino que se limitaba a una sucursal", explicó el
abogado estadounidense David Novak. (Russell Mokhiber, "El dinero sucio
de Amex", Multinational Monitor, diciembre de 1994).
Los paraísos bancarios offshore
Casi todos los caminos dentro de esta red financiera conducen a paraísos
bancarios offshore. Es aquí que interactúan las organizaciones
criminales y los representantes de los mayores bancos comerciales del mundo.
Las mafias aprovechan los servicios ofrecidos y los avances en telecomunicaciones
y tecnologías bancarias. Sin tener que pasar billetes a través
de las fronteras internacionales, se mueven y ocultan las ganancias de su tráfico
ilícito mediante una red de escondites offshore y un laberinto de compañías-fachada
anónimas.
La privacidad, tecnología y falta de regulación que atraen a los
criminales son las mismas que facilitan el flujo de dinero legal entre una empresa
matriz y una subsidiaria-fachada. En Luxemburgo, las islas del Canal de la Mancha,
las islas Caimán, Vanuatu, las Islas Cook y otros 50 lugares, muchos
de los principales bancos del mundo establecen filiales privadas que ofrecen
"un servicio discreto y personalizado" para la creación de
cuentas exentas de impuestos. Además, se puede acceder a estas cuentas
mediante una tarjeta Visa y cajeros automáticos desde cualquier parte
del mundo.
Pese a su ubicación geográfica, estos paraísos offshore
son esencialmente apéndices del sistema bancario occidental. Los del
Caribe, por ejemplo, fueron establecidos bajo la legislación bancaria
británica, con asesoramiento técnico de bancos occidentales. Estas
filiales son idénticas entre sí y se basan en leyes británicas
que aseguran total privacidad y establecen sanciones penales para los empleados
del banco que revelen información sobre clientes o el propio banco. De
esta forma, en el sórdido ambiente de la banca offshore, los bienes de
la mafia están protegidos por el código penal.
Es bajo esta protección que las organizaciones criminales
han florecido. La magnitud de la banca offshore es inmensa y desconocida, dado
que no se informa sobre gran parte del dinero depositado. La empresa de inversión
estadounidense Merrill Lynch estima en forma conservadora que la riqueza de
personas naturales manejada en cuentas bancarias de paraísos fiscales
offshore suma unos 3,3 billones de dólares. Mientras, el Fondo Monetario
Internacional (FMI) calcula en 5,5 billones de dólares los activos offshore
de corporaciones e individuos, una cifra equivalente a 25 por ciento del ingreso
total mundial. Además, la riqueza en gran parte mal habida de élites
del Tercer Mundo depositada en cuentas numeradas se estima en 600.000 millones
de dólares. Un tercio de esa cantidad está colocada en Suiza.
Aunque Suiza sigue siendo el paraíso favorito, con más de 40 por
ciento de los activos offshore ocultos en sus cuentas bancarias no residentes,
tiene numerosos competidores, tanto por riqueza legítima como ilegítima.
Las pequeñas islas Caimán, con más compañías
fiduciarias y bancos registrados que habitantes, constituyen el quinto mayor
centro bancario del mundo.
No sólo los banqueros, sino también los agentes de cambio y los
administradores de fondos de pensión y fondos mutuos utilizan las instituciones
offshore. Con la desregulación que caracterizó a la década
del 80, los centros del Caribe pasaron a jugar un papel importante en los acuerdos
sobre la moneda europea a través de subsidiarias registradas de bancos
estadounidenses.
Las grandes compañías de seguro también
utilizan la cobertura offshore para ayudar a las firmas a establecer "subsidiarias
cautivas" que reciben primas de seguro "para cubrir el riesgo de la
empresa matriz". Tanto las empresas como los criminales utilizan los paraísos
fiscales para reciclar sus ganancias hacia una variedad de actividades comerciales
que incluyen inversiones de alto riesgo y "depósitos de dinero caliente"
en las bolsas de valores periféricas del sudeste asiático y Europa
oriental. De esta forma, el dinero negro y el sucio se transforman rutinariamente
en "dinero caliente", que consiste principalmente en depósitos
a corto plazo altamente especulativos, a menudo administrados por grandes empresas
de inversión.
El efecto de estos paraísos offshore es una masiva evasión fiscal,
inmensas reservas de fondos corporativos bajo la forma de dinero libre de impuestos
y una fuga de capitales de tales dimensiones que deja a las economías
nacionales, ya débiles y severamente endeudadas, devastadas e incapaces
de funcionar. Esta huida de miles de millones de dólares reduce dramáticamente
los ingresos del fisco, paraliza los programas sociales, incrementa el déficit
presupuestal y estimula la acumulación de una gran deuda pública.
Deuda global, drogas y medicina económica
El papel del tráfico ilícito y el lavado de dinero
en el agravamiento de los problemas de la deuda nacional es particularmente
importante. La caída del precio mundial de los artículos de consumo
y la resultante crisis de la deuda de comienzos de los años 80 contribuyeron
a diezmar los ingresos de la exportación en los países en desarrollo.
Luego, cuando la deuda aumentó, los acreedores internacionales impusieron
los programas de ajuste estructural instigados por el FMI, que requieren estrictas
medidas de austeridad, el remate de las industrias del Estado, el congelamiento
de la inversión pública y la reducción de los créditos
a agricultores e industriales. El desempleo desenfrenado y la caída del
salario real resultantes provocaron una crisis de la "economía legal".
El colapso simultáneo de las exportaciones y los mercados domésticos
creó un vacío en el sistema que permitió una dramática
expansión de la economía clandestina. En muchos países,
la producción ilícita se transformó en el sector fundamental
de la economía, la principal fuente de cambio de moneda y un campo fértil
para las organizaciones criminales. En Bolivia, la Nueva Política Económica
patrocinada por el FMI, adoptada en 1985, contribuyó a la desaparición
de las exportaciones de minerales y a despidos masivos en el consorcio estatal
minero Comibol. Sin empleo, los mineros despedidos utilizaron sus indemnizaciones
para invertir en el cultivo de coca, impulsando así el narcotráfico.
De manera similar, la "estabilización económica" y el
programa de ajuste estructural de Perú durante el gobierno de Alberto
Fujimori crearon un caos social y económico. El shock de agosto de 1990,
que incluyó una multiplicación del precio de los combustibles
por 30 de la noche a la mañana, llevó a los agricultores que vivían
apretadamente del cultivo de café, maíz y tabaco a dedicarse al
cultivo de coca. Según la ONU, "las actividades de la mafia se vieron
facilitadas por los programas de ajuste estructural que los países endeudados
se vieron obligados a aceptar para poder recibir préstamos del FMI".
(Ver Departamento de Información Pública de la ONU, Crime Goes
Global, Nueva York, 1995, p. 2).
Los vínculos del sistema estatal peruano con los carteles
de la droga fueron analizadas en varios informes de prensa de México
y Perú. Según la declaración del "padrino" de
la cocaína Demetrio Limonier Chávez a una corte de justicia peruana
en 1996, el abogado Vladimiro Montesinos, jefe del Servicio de Inteligencia
Nacional y el principal asesor de Fujimori, encabezaba una red de tráfico
de drogas y armas junto con el hermano del presidente, Santiago Fujimori. (Ver
The Geopolitical Drug Dispatch, París, No. 62, diciembre de 1996, p.
8).
Pero la estrecha correlación entre las presiones de la deuda y el aumento
de la actividad de la mafia no se limita a América Latina y a los triángulos
asiáticos de la droga. En Africa, cuando se levantaron las barreras comerciales
-siguiendo el consejo de instituciones financieras internacionales establecidas
en Washington- y los excedentes de granos de Europa y Estados Unidos se volcaron
al mercado doméstico, la producción agrícola local cayó
verticalmente. Ante el declive del autoabastecimiento de alimentos y el aumento
de la deuda externa, muchos agricultores sustituyeron sus cultivos de productos
alimenticios por el de cannabis. En Marruecos, las ganancias del cultivo de
hachís equivalen actualmente a los ingresos combinados de todas las exportaciones
agrícolas legales del país. En Costa de Marfil, los cultivadores
de cacao se están dedicando al ganja, una variedad local de la marihuana
con un excelente potencial de exportación. Y en otros países africanos,
las mafias de la droga también lograron introducirse en la política
local.
El modelo se repite en el antiguo bloque soviético. La "fuerte medicina
económica" impuesta por los acreedores externos contribuyó
a la ampliación de la economía ilícita, que se alimenta
de la pobreza y la desarticulación económica. En Ucrania, por
ejemplo, el "tratamiento de choque" patrocinado por el FMI y aplicado
en octubre de 1994 sembró el caos: de un día al otro, el precio
del pan aumentó 300 por ciento, la electricidad 600 por ciento y el transporte
público 900 por ciento. Junto con el levantamiento de subsidios y el
congelamiento de los créditos, las reformas contribuyeron a debilitar
la economía de Ucrania. La liberalización económica también
abrió la puerta al vertimiento en el mercado doméstico de excedentes
de granos estadounidenses y "ayuda alimentaria", que contribuyeron
a la desestabilización de uno de los mayores productores de trigo del
mundo. El Geopolitical Drug Watch, con sede en París, confirmó
que, a medida que disminuye la producción de trigo en Ucrania, el cultivo
ilegal de opio aumenta rápidamente. La dinámica es la misma en
la ex Yugoslavia, donde la agricultura local está siendo sustituida por
el cultivo de amapola y la fabricación de heroína, controladas
por la organización italiana Sacro Corona Unita.
Unica fuente disponible
Debido al aumento de la deuda de los países en desarrollo y al colapso
de la agricultura y las industrias bajo el peso de los programas de ajuste estructural,
los intereses anuales pueden llegar a exceder las ganancias totales por concepto
de exportaciones. Bajo estas circunstancias, los ingresos del comercio ilícito
se transforman en la única fuente disponible de divisas, y tanto los
gobiernos deudores como acreedores tienen un interés financiero en el
flujo ininterrumpido del lucrativo contrabando. En las "narcodemocracias"
de América Latina, los gobiernos cooperan con el reciclaje de miles de
millones de "narcodólares" mediante el sistema bancario para
satisfacer las demandas de los acreedores externos y las instituciones financieras
internacionales.
A comienzos de los años 90, el Banco Central de Perú compró
un promedio de ocho millones de narcodólares diarios por medio de agentes
de cambio informales que operaban en las calles del centro de Lima. Ese dinero
estaba destinado al pago de los intereses de la deuda externa nacional. Los
gobiernos latinoamericanos también utilizaron ganancias del narcotráfico
para comprar armas y apuntalar sus fuerzas militares, y en varios países,
algunas facciones militares tienen conexiones con la mafia de la droga. Irónicamente,
"los esfuerzos de Estados Unidos contra la droga forjan vínculos
aún más estrechos de su gobierno con fuerzas policiales y militares
abusivas", de acuerdo con la Oficina de Washington para América
Latina (WOLA).
Muchos bancos comerciales occidentales y japoneses aprovecharon las oportunidades
creadas por la privatización y la reestructuración de la deuda
para comprar bienes raíces públicos "a buen precio".
También adquirieron bancos estatales en América Latina y Europa
oriental, muchos de ellos involucrados en el lavado de dinero de procedencia
ilícita.
En Hungría, por ejemplo, el Banco Internacional de Europa Central (CIB)
fue adquirido por un consorcio de bancos extranjeros integrado por la Banca
Comerciale Italiana, Bayerische Vereingsbank AG, el Banco de Créditos
a Largo Plazo de Japón, el Banco Sakura y la Socité Générale.
El CIB posee plena libertad para movilizar dinero sin interferencia del gobierno
ni de normas sobre cambio de moneda. Un caso judicial ocurrido en 1992 en Luxemburgo
confirmó que el cártel de Cali utilizó al CIB para transferir
enormes cantidades de dinero. Pero, como manifestó un miembro de la brigada
antidrogas de Hungría, "con los problemas económicos de este
país y la necesidad de activos líquidos, no se puede pedir al
gobierno que analice demasiado el origen del dinero depositado en sus bancos".
Reformas guiadas por el FMI
En Bolivia y Perú, las reformas del sistema bancario guiadas por el FMI
facilitaron el libre flujo de divisas hacia dentro y fuera del país.
"Esto significa nada menos que la legalización del lavado de dinero
por el sistema financiero peruano", dijo un observador. (Humberto Campodónico,
"Los capitales golondrina pagan la deuda externa", Interdependences,
marzo de 1996, p. 13). Y en realidad, dada la devastación de la economía
legal, el lavado de dinero del narcotráfico es probablemente lo que hizo
lucrativos a los bancos de Perú.
En América Latina, muchos de los bancos estatales privatizados, previamente
involucrados en el lavado de dinero del narcotráfico, se encuentran ahora
bajo control de compañías europeas y estadounidenses. Un ejemplo
es el caso de Interbanc, un banco estatal peruano adquirido en 1994 por Darby
Overseas, una compañía de Nicholas Brady, secretario del Tesoro
durante el gobierno de George Bush. Según el diario Financial Times,
Darby Overseas "fue establecida hace un año (en 1993) por Brady,
Hollis McLoughlin, su principal asesor en el Tesoro, y Daniel Marx, (ex) subsecretario
de Finanzas de Argentina (...) El principal inspirador de IFH, constituida para
competir en la licitación por Interbanc, es Carlos Pastor, ministro de
Economía de Perú a comienzos de los años 80". (Sally
Bowen, "Brady Investment en Perú", The Financial Times, 22
de julio de 1994).
En Rusia, los programas de privatización impuestos por los acreedores
occidentales favorecieron inequívocamente la transferencia de una importante
proporción de los bienes del Estado al crimen organizado. No es sorprendente
entonces que las mafias rusas, que constituyen una nueva clase propietaria,
hayan impulsado el "libre mercado" y apoyado fervorosamente las reformas
macroeconómicas del presidente Boris Yeltsin.
Las mafias también respaldaron la campaña para la reelección
de Yeltsin en julio de 1996. Ellas, junto con la antigua nomenklatura soviética,
transfirieron miles de millones de dólares "negros" y "sucios"
hacia escondites offshore. Parte de ese dinero retornó a Rusia para comprar
empresas y tierras públicas. Luxemburgo y las Islas Vírgenes Británicas
están respectivamente en tercer y cuarto lugar entre los "inversores
extranjeros" de Rusia. Además de las mafias rusas, organizaciones
criminales occidentales -a menudo mediante una entidad inversora- canalizaron
dinero hacia "mercados financieros emergentes" en Europa oriental
y la ex Unión Soviética, donde se han rematado acciones de empresas
privatizadas.
Armadas de control sobre políticos y funcionarios de
gobierno, y con sus propios representantes en el parlamento, más de 1.300
organizaciones criminales de la Federación Rusa tienen la influencia
suficiente para imponer la "democracia" y modelar la política
macroeconómica a su conveniencia. Asimismo, poseen una influencia financiera
más que considerable. Según un estudio reciente publicado por
la Academia de Ciencias, la mafia controla más de 40 por ciento de la
economía rusa, la mitad de los bienes raíces comerciales de Moscú
y dos tercios de las entidades comerciales; en total, unas 35.000 compañías
privadas, casi 400 bancos y 150 empresas del Estado. Un sector de la mafia rusa
también está involucrado en venta de material nuclear, espacial
y de defensa, incluyendo misiles guiados y plutonio para bombas, así
como armas convencionales.
La criminalización de la economía rusa fue reconocida
por el Banco Mundial. Un estudio de Louise Shelly -publicado en la edición
de marzo de 1997 del boletín de transición del Banco Mundial-
sugiere que cerca de la mitad de la economía de Rusia está controlada
por sindicatos criminales. Citando a Yeltsin, el artículo admite que
"los 'padrinos' de la mafia secuestraron las reformas de libre mercado"
y que el programa de privatizaciones fue el responsable de la transferencia
de los bienes del Estado al crimen organizado.
Además, el estudio reconoció con desilusión que "los
nuevos propietarios criminales no están interesados en hacer funcionar
sus empresas, sino en agotar sus recursos y transferir las ganancias al extranjero
(...) Estos grupos usan la fuerza si es necesario, pero se respaldan en sus
enormes activos financieros y sus estrechos vínculos con la antigua élite
comunista, el ejército y el sector bancario".
En Albania, las llamadas pirámides de fondos de inversión que
se derrumbaron a fines de 1996 estaban controladas por el gobernante Partido
Democrático, en connivencia con los intereses de bancos occidentales
y la mafia italiana, que utilizó los programas para lavar su dinero.
VEFA Holdings, la mayor pirámide de fondos de inversión de Albania,
elogiada por Occidente como "modelo de libre empresa poscomunista",
jugó un papel fundamental en el plan de privatizaciones patrocinado por
el Banco Mundial y posee un enorme número de antiguas empresas del Estado,
incluyendo supermercados, compañías de exportación e importación,
transporte y manufactura. Actualmente, VEFA es investigada en Italia por sus
vínculos con las mafias de Sicilia, Calabria y Puglia.
El fraude de las pirámides, estrechamente descripto por la prensa occidental
como la única causa de la crisis de Albania, fue consecuencia de un proceso
mucho más profundo de manipulación macroeconómica. La desregulación
financiera bajo supervisión occidental condujo a la transferencia del
sistema bancario nacional. Bajo las reformas instigadas por el FMI y el Banco
Mundial e iniciadas en 1992, a principios del gobierno del presidente Berisha,
la mayoría de las grandes empresas públicas fueron destinadas
a la liquidación o a la quiebra forzada, causando un desempleo masivo.
Las mentiras y sus consecuencias
El crimen se ha transformado en parte integrante del sistema económico
mundial, con ramificaciones sociales, económicas y geopolíticas
de gran alcance. Sus ganancias se utilizan para pagarle a los acreedores internacionales;
las empresas legales e ilegales están cada vez más enredadas entre
sí, y la línea divisoria entre "empresarios" y "criminales"
se desdibuja rápidamente. A la vez, la relación entre criminales,
políticos y miembros de los servicios de inteligencia ha corrompido las
estructuras del Estado y el papel de sus instituciones. La fuga de capitales,
la masiva evasión fiscal y el lavado de dinero, aprobados por el sistema
económico mundial, se encuentran entre las principales causas de la deuda
pública y el creciente déficit presupuestal. La criminalización
del sistema bancario quita recursos a la producción de necesarios artículos
de consumo y canaliza el capital hacia una economía de bienes suntuarios
(servicios para personas de altos ingresos, complejos turísticos, inmuebles),
que sirve sólo a los intereses de una minoría. Mientras, la comunidad
financiera internacional cierra los ojos, siempre que no surja algún
escándalo momentáneo.
En tanto se cumpla con el pago de intereses de la deuda, los
ojos de los acreedores externos se mantendrán cerrados. Para ellos, el
lavado de dinero y la adquisición de bienes del Estado por la mafia en
el marco de programas de privatización son males menores que ayudan a
los gobiernos a pagar su deuda externa. A la vez, los bancos offshore amasan
fortunas aprovechando discretamente las ventajas de la "protección
de activos", sin discriminar entre las inversiones empresariales de buena
fe y las ganancias de actividades criminales. Las entidades bancarias vinculadas
con la mafia o el lavado de dinero "crean" dinero limpio a partir
de las ganancias sobre los depósitos de dinero sucio, y lo utilizan para
controlar recursos financieros. Al reciclar los fondos de la mafia hacia la
economía legal, famosos criminales se transforman en respetables ejecutivos
y financistas con poder para influir en la política a nivel nacional
e internacional.
"No se hacen preguntas"
Este sistema mundial de comercio y finanzas ha promovido una acumulación
de riqueza privada sin precedentes, junto al empobrecimiento de vastos sectores
de la población mundial. Las perspectivas de cambio no son buenas, ya
que las grandes corporaciones y las organizaciones criminales que operan a nivel
mundial se rigen por las mismas leyes. El sistema bancario permite que corporaciones,
individuos ricos y criminales oculten su riqueza. Bajo la consigna "no
se hacen preguntas", los bancos alegan ignorancia y hacen alarde de su
buena fe mientras protegen a la mafia y al capital organizado de la investigación
pública y de la justicia. Los grandes bancos comerciales internacionales
no sólo constituyen un canal de salida para el lavado de dinero, por
el que cobran grandes comisiones, sino que ofrecen créditos con altas
tasas de interés a la mafia, en detrimento de la agricultura y la manufactura
legales.
Los intereses creados están tan impregnados en este sistema que es improbable
que algún cambio formal en las normas bancarias produzca una reforma
efectiva. La capacidad -y la voluntad- de los gobiernos e instituciones internacionales
para reducir las actividades criminales en representación de la sociedad
está seriamente comprometida, dado que quienes están en condiciones
de hacer cambios a menudo están muy bien servidos por el orden establecido.
Como advierte un informe de la ONU, "a menos que se produzca un avance
simultáneo en el desarrollo económico y social, el crimen organizado
continuará existiendo a nivel mundial".
(Departamento de Información Pública de la ONU, Crime
Goes Global, Nueva York)
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